Acá se trabaja

Por Onó, el Insuperable

¡Qué antigualla! ¡Un paro general! Para desenmascarar cavernícolas de la vacación paga, el descanso dominical y la licencia improductiva, nada mejor que la sencilla frase “Acá se trabaja”, tres palabras combinadas con brillante concisión que en boca del obrero más calificado del Ejecutivo lo dicen todo. Pronunciadas por el primer ciudadano ─tras marcar tarjeta a las 13:00 en punto, como soldado raso de la disciplina del cambio─ en la mismísima Rosada son todo un símbolo de modernidad.

Revivamos, para mejor contrastar con la voz señera del estadista, la simbología y el lenguaje chabacano de los trogloditas que defienden la carpeta médica, la hora extra que hunde en la miseria al empresariado, las indemnizaciones desbocadas y la paritaria con piso pero sin techo. Reprimamos las lágrimas de indignación ante tamañas indecencias.

¿Cómo responden a un ministro egregio, admirado en cualquier foro económico de primer nivel, cuando les marca la cancha con las cifras astronómicas que el país ─y los diezmados bolsillos del gran empresariado─ resigna por la ociosidad del huelguista dedicado a la holganza? Responden con chicanas de planero barato, de populista amigo del impuesto fácil, de Nac&Pop con iPhone, de irreverente peón cocorito que no aprendió de las enseñanzas del paternal Momo, un adelantado del bucolismo productivo y las bondades de la cabeza gacha cuando el patrón con sabiduría campestre manda a carpir su tierra.

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Un ministro que a pesar de las jugarretas de la burocracia K, enquistada en la administración pública desde la oscura noche populachera para catalogar mansiones como baldíos, debe soportar la insolencia del viejo maestrito egocéntrico, enseñoreado en la inmunidad sindical prehistórica, que lo llama evasor ─¡nada menos!─ y lo manda a pagar anacrónicos impuestos por el solo hecho de haber señalado las pérdidas inconcebibles que deberá soportar la patria.

¡Cuánta iniquidad aún queda por desterrar del suelo argentino! ¡Cuánto sátrapa que fomenta la vagancia hay que sufrir para sostener invictas esta democracia ejemplar, estas libertades de expresión irrestrictas, este respeto sin límites a los derechos que nuestro Mauricio porfía en defender contra viento, tormenta camporista y marea sindical!

Es comprensible que el vecino de orden desfallezca, pida mano dura y tolerancia cero cuando libertinajes tales como el que se sufre en esta jornada de paro llegan disparados desde las cavernas de un sindicalismo de fechoría eterna. “Libertad y no libertinaje”, sostiene no sin razón la dama que enseña virtud en la conducción de la servidumbre díscola, disoluta, a su ama de llaves. Tomemos nota.

Bien lo resaltó un áureo diputado salteño: hay muchos derechos y pocas obligaciones. ¿Para cuándo el trabajo? “Acá se trabaja”, dijo el líder del cambio. Recordemos esa máxima. Aprendamos. Olvidemos las cifras del salario, las horas de la jornada laboral, los aguinaldos, la manteca al techo, el derroche… Trabajemos, lo demás no importa nada. Es el camino. ¿O no?

 

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