Camino al infierno abrazados al FMI

Numeritos argentinos I

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“La Comida” (1953), Antonio Berni

 

Por Carlos A. Villalba para ALAI

No se equivoquen, el poder lo tiene la gente”

Mauricio Macri, Presidente de la República

Salta, 1° de junio de 2018, horas después de vetar la Ley antitarifazo

 

El gobierno constitucional que causó más daño económico en menos tiempo a la mayoría de los argentinos, a pesar de sus esfuerzos, no logró consolidar su modelo de redistribución regresiva de renta desde los que menos tienen hacia los superpoderosos de la soja, la energía, las mineras, las finanzas, los laboratorios y, muy especialmente, las empresas de la propia familia presidencial y de los grupos representados por los gerentes con traje de ministros y secretarios sentados en el gabinete del “gobierno de las corporaciones” que encabeza Mauricio Macrii.

Con una gestión basada en un plan de negocios y sin la guía de un programa integral de gobierno, la experiencia de control sin intermediarios de los resortes estratégicos del Estado por parte de esas corporaciones -algo que solo registra el antecedente de la última dictadura cívico militar, comandada por José Alfredo Martínez de Hoz y ejecutada por el genocida Jorge Rafael Videla- nunca logró estabilizarse en el plano económico ni en el político, mucho menos en lo socialii.

La tormenta que azota la vida cotidiana del país lo hace con un conjunto de procesos convergentes entre los que figuran:

  • Empobrecimiento sin piedad de los sectores de la economía popular

 

  • Desocupación y deterioro de la calidad laboral de los trabajadores “registrados”

 

  • Pérdida del valor adquisitivo del salario

 

  • Inflación galopante con paritarias a la baja, aplastadas por el gobierno con la complicidad de determinados sectores gremiales

 

  • Tarifazos impagables de todos los servicios básicos de la energía, el agua y el transporte

 

  • Deterioro de la salud y la educación públicas y aumentos prohibitivos en sus versiones privadas

 

  • Colapso de la producción de pequeñas, medianas y, también, grandes empresas

 

  • Profundización de la crisis de las economías regionales deterioradas desde décadas atrás

 

  • Bancarrota de la producción agropecuaria pequeña, mediana y familiar, ya por debajo de los niveles de autosubsistencia

 

Numeritos macristas

Indicadores

Desde la asunción de Mauricio Macri (10XII15)

Aumento de la DEUDA externa

u$s 142.948  millones (a abril 2018)

INFLACIÓN

106,0%

FUGA de capitales

u$s 88.084 millones

GAS, aumento

1195,0%

ELECTRICIDAD, aumento

1394,0%

Ganancia de las EMPRESAS ENERGETICAS (2017)

$18.000 millones

AGUA, aumento

990,0%

NAFTA Super, aumento

96,5%

SALARIO, pérdida poder adquisitivo

7,6%

SALARIO MINIMO, pérdida poder adquisitivo

10,6%

COOPERATIVISTAS, deterioro ingreso medio total

28,2%

AUH, pérdida poder adquisitivo

5,8%

AJUSTE aceptado al FMI

$61.800 millones (2018)

$425.000 millones (2019)

DESOCUPACION

10,0%

DESPEDIDOS, total

253.967

DESPEDIDOS del sector PRIVADO

178.589

DESPEDIDOS ESTATALES

75.378

POBREZA infantil Por necesidades insatisfechas

 

GBA

Por ingresos

GBA

62,4%

75,3%

48,1%

54,2%

INDIGENCIA infantil

10,2%

DEVALUACIÓN frente al dólar

de  $9,71 a $29 por dólar

Pérdidas por baja de las RETENCIONES

u$s 4.104 millones

Aumento de la DEUDA EXTERNA

u$s 133.000 Millones

Déficit COMERCIAL 2017: u$s 8.472 millones

2018: u$s 3.432 millones solo en primer cuatrimestre

 

Hambre

Los datos se expresan en hambre concreto y real en las barriadas urbanas de todo el país y entre los sobrevivientes de la agricultura familiar, con fríos imposibles de mitigar como no sea con fogones dignos del medioevo e incluye el comienzo del deterioro sanitario. El crecimiento de la miseria se comprueba en las primeras manifestaciones de un camino que avanza hacia el aumento de la desnutrición y la mortalidad infantiles. La situación incluye el deterioro de las condiciones de vida de los sectores medios, esa franja multitudinaria de la sociedad argentina acostumbrada a trabajar, esforzarse y generar recursos para conquistar una vida digna y un futuro posible para sus hijas e hijos y que las últimas mediciones presentan con un 60% de sus hogares que “no llegan a fin de mes”iii.

En cuestión de semanas se encendieron las luces enrojecidas del peligro de choque, incendio, estallido o terremoto del tablero de comando del gobierno nacional, hasta entonces titilando en un verde irreal, basado solo en el relato entre cínico y perverso de un Presidente que no apoya su visión en la realidad.

Las corridas cambiarias -por encima incluso del beneficio millonario que reporta a las cuentas bancarias de sus principales responsables offshore- amenazaron -y lo siguen haciendo- con llevarse todo puesto al ritmo de una devaluación que, solo en mayo pasado, hizo que el peso argentino perdiera 21% con relación al dólar, con el consecuente traslado mecánico a los precios de los productos de la canasta básica (alimentos, bebidas, productos de aseo personal y de limpieza) que ya habían aumentado 14,4 % entre el 15 de marzo y el 15 de mayo; 17,05% para la canasta básica de alimentos entre enero y mayo y de 19,38% de la canasta globaliv.

El panorama se da en el marco de una Inflación que a fin de 2018 será superior al 30% anual y superará el 100% desde la asunción de Macri, aquel aspirante al sillón presidencial que presumía de reducir fácilmente a un dígito ese fenómeno que era la “cosa más simple” de resolver, ya que demuestra “tu incapacidad para gobernar”.

 

Muertos de frío y a oscuras

Con los precios por las nubes y los sueldos por los suelos, desde la instalación de Cambiemos en la Rosada y hasta abril del año en curso, la electricidad aumentó 1394% y en diciembre llegaría a 1768%; el gas 1195%, con una proyección a fin de año del 1519%, y el agua 990%. En los cinco meses que van de noviembre de 2017 a abril de 2018 esas tarifas escalaron a marcha aún más forzada: 83% la electricidad y 108,5% el gas, a lo que se agregará la suba promedio del 25% entre los dos servicios que se producirá en octubre próximo. Si Macri no hubiese vetado la ley “antitarifazo” aprobada por el Congreso nacional, el aumento para los tres servicios hubiese sido del 16,91 % promedio en ese lapso.

Para bajar los números a “la diaria”, podría decirse que una familia que pagó una boleta mensual de luz de $408 en noviembre del año pasado en diciembre tendrá que desembolsar $933; si pagó $931 en gas la cifra aumentará hasta los $2428 y si le cobraron $610 bimensuales de agua le impondrán $768, según los datos del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCi). La sumatoria de los tres servicios del ejemplo constituyen $ 3746 mensuales, contra los $ 1898 que hubiese tenido que pagar cada familia de haberse respetado la ley sancionada por la mayoría parlamentaria que Macri rechazó, una decisión que explicó desde Salta, con el gobernador Juan Manuel Urtubey a su lado.

 

Desempleo

Entre las causas que generan bolsillos vacíos, en casas sin calefaccionar y ollas “paradas con lo que sea”, se suma la falta de trabajo y el cada vez mayor porcentaje de empleos parciales, informales y sin derechos. El último informe del propio Indec reconoció que, en el primer trimestre del año, la tasa de desempleo trepó al 9,1%, un salto de casi dos puntos entre el último trimestre de 2017 y el primero de 2018, lo que implica -por encima de la estacionalidad- que cerca de 1.900.000 residentes en Argentina están buscando el trabajo que no tienen. A ellos debe sumarse el  9,9% de subempleados (ocupados menos de 35 horas semanales) y el creciente número de empleados que buscan agregar otra ocupación a la actual que llegan a 2.450.000 de personas, el 14,1% del total medido que aspira a sacrificar más tiempo de su jornada para afrontar los costos que ya no pueden pagar con las mismas horas que trabajaban antes.

El 40% de los hogares de todo el país, equivalente al 60% de los asalariados registrados, no llega a cubrir el costo de la canasta básica en base a las cifras oficiales que son conservadoras y previas a la aceleración del golpe de devaluación con inflación del segundo trimestre del año, todavía no reflejado en las estadísticas, anteriores a la inminente decisión presidencial de encarar el ajuste hasta el hueso que le impone el FMI, aún sin no logra consensos con los sectores más dialoguistas de la oposición parlamentaria.

El fenómeno golpea con más fuerza al conurbano bonaerense, donde el desempleo trepa al 11,8% y la suma de desocupados, subocupados y ocupados demandantes de otro empleo es del 36,6% de la población en condiciones de trabajar que carece de una situación laboral plena, en un territorio en el que los registros ya reconocen que cuatro millones viven en condiciones de vulnerabilidad socio-económica, con 30% de “pobres” y 6,2% de “indigentes”, una situación en deterioro acelerado, como viene alertando el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Al escarbar más se comprueba que, incluso por encima del deterioro “estadístico”, de los 507 mil puestos de trabajo “creados” el año pasado sólo 127.000 fueron registrados (en blanco), 157.000 en negro y 223.000 fueron de “cuentapropistas”.

El dato central es que esas cifras incluyen 142.700 altas de monotributistas, que son las que explican la “generación” de empleo en tiempos de Macri; se trata en su mayoría de trabajadores expulsados del trabajo registrado y con derechos que pasaron a una modalidad más precaria de empleo (109.458 más que en diciembre de 2015), o de aquellos que, desde la informalidad absoluta, accedieron al “monotributo social” (66.003 más que en diciembre de 2015).

Otra desmentida de la “expansión” del empleo y de la calidad del mismo es que buena parte del “crecimiento” se debe a que desde abril de 2016 los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH) pueden ser monotributistas; la mayoría de los registrados en este sistema son personas que ya realizaban trabajos como cuentapropistas informales, en el marco de la economía popular. En síntesis, el total de nuevos puestos ni siquiera llega a cubrir el crecimiento vegetativo del mercado laboral.

Junto a los padecimientos diarios que genera la situación, el modelo económico de las corporaciones modifica las condiciones laborales, con pauperización del empleo por expulsión de trabajadores, quitas salariales agravadas por la pérdida del poder adquisitivo, recorte de derechos y manejo discrecional de horarios por parte del empleador. Busca consolidar de manera permanente un modelo que convierte al trabajador con plenos derechos (horarios, aguinaldo, jubilación, vacaciones pagas, licencias por nacimiento, enfermedad, estudios, etc.) en un monotributista inestable; cambia la permanencia en el puesto por la eventualidad, lo formal por la informalidad laboral.

Desde 2016 se multiplican los casos de esta nueva modalidad que, en definitiva, busca abaratar la “mano de obra”, achicar la población económicamente activa y consolidar un “ejército de reserva” laboral que deteriore las exigencias y debilite las condiciones de lucha de los trabajadores.

Un estudio profundo del empleo en la Argentina, ordenado por la Jefatura de Gobierno y guardado bajo siete llaves, presenta una radiografía más dramática que los listados trimestrales del Indec. Reconoce que “casi el 45% de la población económicamente activa (9 millones de personas) tiene problemas de inserción laboral”.

La realidad es mucho peor si se considera que los residentes argentinos “en edad de trabajar” (entre 18 y 64 años) suman 28 millones de personas y las herramientas de medición de desempleo sólo analizan a esos 9 millones que trabajan y/o buscan trabajo. Hay un mundo de 19 millones de personas por fuera de ese mapa ya complicado.

 

Cartonero Báez

“La sopa de los pobres” (1884), Reinaldo Giudici. Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina

Todos los números de la economía real son perjudiciales para la mayoría de las familias argentinas y para el conjunto de productores de gran parte de los rubros del campo y la ciudad. El relato de la “Pesada Herencia”, la “Corrupción” y el “rechazo al kirchnerismo”, se resquebrajó, junto a la tolerancia del “hay que darle tiempo” a un Presidente que alguna vez fue apodado por el autor del mejor gol de la historia de los mundiales de fútbol, ante la mezquindad de su manejo presupuestario y el cuidado de su propio patrimonio, con la ocupación y el apellido del testigo del asesinato cometido por Carlos Monzón.

El último renuncio de la administración nacional fue transformar su impostado rechazo de campaña al retorno del contralor de la economía por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) en un abrazo a la última tabla salvadora de sus intereses.

La crisis con corrida bancaria en curso y sostenida le dio al gobierno el pretexto para tirarse en palomita a los brazos del Fondo. Otros u$s 50.000 millones que se sumarían a los 142.984 emitidos entre el Tesoro Nacional, las provincias 12.336 y las empresas privadas desde el 10 de diciembre de 2015 hasta el mes de abril del presente año.

Esa rendición ante el organismo multilateral de crédito implica estatizar el “riesgo acreedor”, es decir garantizarle a los tenedores de los compromisos argentinos que, aunque la economía estalle en mil pedazos e incluso el país entre en una cesación de pagos que ya agita los trapos en el horizonte financiero de las administraciones que sucedan a la actual, tendrán un reaseguro fuerte. La “garantía” no impide una fuga de capitales que se acerca a los u$s 90.000 millones desde la llegada del macrismo, que bate récords mes a mes y supera con holgura los guarismos criticados al “kirchnerismo.

El déficit que producen las importaciones, muy superiores a las exportaciones, se duplicó del primero al segundo año de Cambiemos y ronda los u$s 80.000 millones en tres años de gestión.

Los intentos fracasados de control de la suba del dólar por parte del Banco Central de Federico Adolfo Sturzenegger se comieron en 60 días u$s 12.000 millones de las reservas bancarias que manejaba para Macri el mismo que administró el megacanje del 2001 que le estalló en la cara a la Alianza de la Rúa. Fue entonces que el JP Morgan-Deutsche Bank, Luis Andrés Caputo, corrió su puesto en la cancha de Cambiemos: de Finanzas -donde se encargó de colocar deuda como si fuesen papelitos de colores- trotó hasta el Central, donde intentará asegurarle a los acreedores, entre los que se cuentan él mismo y la muchachada que alienta a Mauricio Macri, lo que Argentina les debe, con la magia financiera que realizan los gerentes ahora en el Estado.

El hombre para quien la corrida bancaria con devaluación fue “lo mejor que nos pudo haber pasado” porque “obligó a ir a pedir el crédito al Fondo Monetario” intentó desactivar la bomba de tiempo de la cordillera de letras del tesoro con intereses superiores al 40% y el alza autónoma del dólar: en una semana, vio cómo su estrategia se derretía bajo el sol de la subida del billete verde, el aumento del ritmo de la fuga y un “riesgo país” superior al que sufrió el gobierno “estatista”, “populista”, “redistribucionista” y “amenazante” para las corporaciones del “populismo” predecesor, muy diferente a la actual administración, defensora del “mercado”, los grupos económicos más concentrados y del contralor del Fondo Monetario sobre las políticas económicas “nacionales”.

 

Ajuste

Pobres esperando la sopa” (1899), Isidre Nonell, Museo de la Abadía de Monserrat, España

Dato más, dato menos, esos son los números gruesos de la vida cotidiana de argentinas y argentinos. Mauricio Macri y su grupo condujeron el país hacia ese destino. Es lo que determina esa superficie de sufrimiento diario, los dolores de panza de ese 48,1% de chicos sumergidos en la pobreza, de ese 33,8% que sólo encuentra paliativo al hambre en comedores y merenderos populares sostenidos gracias al sacrificio de aquellos sectores sociales, docentes, partidarios y religiosos que hicieron una opción por los pobres.

A pesar de lo dramático de la situación, el barco aún no tocó fondo, apenas se abrazó al fondo… Monetario, con las exigencias de ajuste que el organismo impone al tomar el control de la economía local y quitarle soberanía decisoria al país. Desde el primer día de gestión, aferrado a un guión que lo llevaría a la firma del acuerdo por u$s 50.000 millones, Macri avanzó con a devaluación y la desregulacion cambiaria, subió las tarifas de los servicios y liberó las de los hidrocarburos y, en el otro columnar de la planilla excel que le hicieron, incluyó la rebaja de derechos de exportación, contribuciones patronales, impuesto a las ganancias de sociedades y empresas y de bienes personales y aplicó cambios regresivos a la movilidad jubilatoria.

También desde la jornada inaugural, la de su bailecito balconero, arrancó con la reducción de la planta de personal del sector público que le exige el FMI e impuso un plan de Participación Público Privada (PPP) para la obra pública que le abre las puertas a los grupos privados y ya demostró su fracaso en los principales países que aplicaron el modelo, con las bancarrotas a cargo del Estado. Impone un recorte bestial a las provincias detrás de un proyecto de supuesta “responsabilidad fiscal” y busca volver a cambiar la legislación previsional con subida de la edad jubilatoria y nuevas modificaciones del cálculo del haber inicial y arrancarle a los legisladores una nueva ley de contrato de trabajo que reduzca las indemnizaciones e imponga prácticas de formación que saquen a millones de aspirantes laborales del mercado.

 

Los hachazos de Hood Robin

Pobres recogiendo trozos de carbón en la cantera” (1886), Nikolaj Kasatkin

El gobierno tratará de concretar en los próximos meses el tijeretazo final que exije la “buena noticia” que le dieron al país Nicolás Dujovne y Luis Caputo, esa que les obliga a reducir el déficit fiscal de este año -del que restan solo seis meses- del 3,2% al 2,7%, unos $ 61.800 millones, y otro 1,3% en 2019, equivalente a $ 425.000 millones.

El monto del recorte aceptado por los hombres de Macri equivale a la suma de la siniestra reducción de ingresos constituida por:

  • Disminución de las retenciones a la soja ($125.000 millones), disminución de las contribuciones patronales a la seguridad social, menor recaudación de impuesto a las ganancias a las sociedades (de 35% a 25%) y la casi desaparición del impuesto a los “bienes personales” que el año próximo año caerá hasta el 0,25%

 

  • Recorte de subsidios al consumo de energía ($56.250 millones en 2019) y al transporte ($30.000 millones)

 

  • Reducción de personal estatal con un recorte salarial de $78.000 millones para 2019 y quita de $ 6.120 millones anuales de los aportes a las empresas públicas no relacionadas con compras y servicios de la administración pública del 15% en 2018.

 

  • Hachazo de $45.000 millones a las provincias a través del recorte presupuestario que deberán ejecutar y disminución de los aportes para educación, salud y de “gastos de capital” (energía, transporte educación, vivienda y agua potable). El gobierno cree que podría compensar esta merma con el impulso de los PPP.

 

En este recorrido tan corto en el tiempo como dramático en las consecuencias, la administración de la Alianza Cambiemos generó transferencias siderales de recursos desde los trabajadores hacia los empleadores, desde los jubilados hacia los especuladores financieros, desde cada casa de familia y cada empresa -sobre todo pequeña y mediana- hacia las empresas energéticas y desde los ahorristas hacia los bancosv.

  • Desde los trabajadores hacia los empleadores: $250.000 millones arrancados a los trabajadores registrados del sector privado (6,2 millones de personas por los $40.000 de pérdida salarial per cápita en los primeros dos años de Cambiemos), un cálculo que abarca a menos de la mitad de la fuerza laboral argentina, en la que debe incluirse a los trabajadores de la economía popular y a los trabajadores desocupados, todos ellos también “aportantes” involuntarios al actual esquema de exacción.

 

  • De jubilados y pensionados hacia los especuladores financieros: $100 mil millones, generados por los cambios regresivos del cálculo de la “movilidad jubilatoria” logrados a través del quórum parlamentario impuesto en diciembre de 2017 “a punta de fusil” dentro y fuera del recinto, según la descripción del diputado del Peronismo para la Victoria Leonardo Grosso. Constituye uno de los pilares del “achique” que facilitó la firma de las imposiciones del FMI y una de las herramientas para encarar el pago de intereses crecientes originados por la deuda externa con la que financian su falta de políticas productivas, reemplazadas por una en la bicicleta financiera que, en 24 meses elevó el pago por intereses del 5 al 11%. El fondo de Sostenibilidad Previsional, amasado con paciencia por el gobierno anterior tras la nacionalización de las AFJP y con la intención de garantizar a futuro jubilaciones y pensiones de un sistema con problemas de equilibrio, perdió u$s 10.000 millones a consecuencia de la corrida cambiaria, el aumento del “riesgo país” y la caída de las acciones argentinas generadas por las acciones de la actual administración.

 

  • De cada casa de familia y cada empresa -sobre todo pequeña y mediana- hacia las compañías energéticas: el aumento del gas implicó una transferencia a diciembre de 2017 de $21.000 millones y las empresas del ramo se convirtieron en las que más ganaron en la Argentina, con un estimado de $17.000 millones entre las eléctricas y las gasíferas, además multiplicar sus valores bursátiles entre 3 y 5 veces. Esta transferencia hizo que la canasta de servicios públicos (agua, gas y luz) en los hogares pasara del 6% del salario mínimo en 2015 al actual 21 %, que escala a 37% si se agrega alquiler, expensas, comunicaciones (equipos y servicios telefónicos) y gasto en transporte público y que crece significativamente a medida que se reduce la escala salarial. Cuando más pobre se es más se llevan los servicios básicos, por eso el frío y los fogones con “requechos” de lo que sea.

 

  • Desde los ahorristas hacia los bancos: los ahorristas perdieron $15.670 millones durante 2017, a raíz de la desregulación de las tasas de interés y del aumento de las comisiones bancarias, mecanismos que permitieron a las entidades financieras pagar a sus clientes tasas de interés por debajo del nivel de inflación.

 

La calle

El salvavidas de plomo que Macri le puso a una economía en extinción y a un pueblo en desesperación, fue presentado poco menos que como una donación de alguna Carmelita sin calzado, a raíz de la inclusión de una cláusula de “salvaguarda social” que los funcionarios mintieron al presentarla como una “concesión” al país y que, en realidad, fue aprobada por el FMI el 26 de mayo del año pasado y estudiada y probada desde 2010. La misma autoriza el uso de los préstamos a “países de bajos ingresos” para “reducir el impacto adverso del ajuste sobre los vulnerables”, es decir para intentar contener las reacciones populares a los planes de ajuste que impone como condición para concretar las transferencias, además de fijar sede para cualquier litigio en los tribunales de Washington.

La cláusula de la bondad se basa “en buenas prácticas extraídas de la experiencia existente”, de países tan distantes de la Argentina y su Historia -en especial de peronista- como Jamaica, Jordania, Rumania o Ucrania. En ellos, sin que sea mera coincidencia con el capítulo argentino de su implementación, el Fondo debió actuar ante la reacción popular contra sus propios programas “de ajuste fiscal” basados en la “eliminación de los subsidios costosos y mal enfocados en el sector de la energía” o al “impacto de la liberalización del precio del gas y la energía”. El documento oficial al que tuvo acceso esta columna, consigna que, en el caso jordano el “programa tuvo que ser revertido debido a las tensiones sociales elevadas”; sucesos que serán analizados en una próxima nota sobre los “numeritos argentinos” dedicada a la “Pulseada contra el hambre”.

Como dice correctamente el presidente Macri -aunque sin medir el valor de su afirmación- “el poder lo tiene la gente”. Como complemento del panorama trazado, con todos los indicadores de la economía real perjudiciales para la mayoría de las familias argentinas, no hay encuesta que no arroje datos negativos para el gobierno nacional, ya sea de imagen, expectativas a futuro, confianza o, incluso, comportamiento electoral, con la novedad de que después de dos años y medio algunos estudios registraron por primera vez a Cristina Kirchner por encima de cualquier rival en un escenario de ballotage presidencial. Un análisis de débil fortaleza estadística a tantos meses de las elecciones, pero que constituye la muestra del cambio de humor ciudadano que generaron las decisiones de Cambiemos y acompaña a un mercado, indomable a pesar de todo el pasto que le arrojan su propios hombres desde el otro lado del mostrador, que cada día retira más su apoyo y estudia con microscopio cada detalle que pueda anunciar que el futuro se acabó para los Pro-UCR-Carrió y que “hay 2019” para el peronismo y sus aliados y para los trabajadores.

Los problemas reales, la movilización constante de los sectores populares organizados, los niveles de comprensión de la ciudadanía, la intuición de sindicalistas y políticos sobre la vigencia de aquella sentencia del Perón más duro de los años 50 sobre dónde colocar el concepto “cabeza” al hablar de los dirigentes, lograron evitar hasta el momento que la destrucción causada en dos años y medio por este modelo se convierta en irreversible.

Todos lo saben. La Casa Rosada empieza a analizar si es real que sus opciones están limitadas al helicóptero o a una represión que empalidezca la barbarie de Fernando de la Rúa en su huida. Por su lado, movimientos sociales, gremios y centrales sindicales, sectores políticos y religiosos -al tiempo que colaboran en reducir los padecimientos de los más pobres y miserables- afinan los lápices de propuestas que incluyan una transición constitucional que vuelva a rescatar al país del pantano al que lo devolvieron las corporaciones y una etapa de transformación productiva. De la propuesta que logren construir depende el futuro de todos, también de Mauricio Macri, sus jefes y sus aliados.

 

Notas

i Eduardo Halliburton y Carlos A. Villalba: Macri: el gobierno de las corporaciones (https://kipdf.com/queue/macri-el-gobierno-de-las-corporaciones_5b0210f98ead0e82528b4586.html )

2 Carlos A. Villalba: La argentina de Macri en crisis (http://estrategia.la/2018/05/05/la-argentina-de-macri-en-crisis/ )

ii3 Carlos A. Villalba: Argentina, emergencia social y ceguera (http://www.surysur.net/argentina-emergencia-social-y-ceguera )

4http://isepci.org.ar/2018/06/01/en-los-primeros-cinco-meses-de-2018-la-canasta-de-alimentos-subio-1705/

5 El economista rosarino Marco Kofman, miembro de “Enlace por la Justicia Energética y Socioambiental (EJES – http://ejes.org.ar) desagregó las transferencias forzadas a cada sector (https://www.rosarioplus.com/ensacoycorbata/El-ano-de-las-transferencias-ganadores-y-perdedores-en-el-pais-de-Macri-20171212-0029.html )

iiiCarlos A. Villalba

Periodista y Psicólogo argentino. Investigador asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (http://estrategia.la/)

iv

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