¡Vamos todavía!

Desde sectores disolventes dispararon críticas airadas contra nuestra Vicepresidente por el solo hecho de haber expresado su beneplácito ante un resultado parlamentario que responde a sus convicciones intelectuales y estricto espíritu científico, propios de una dama de exquisita formación.

Por Onó, el Insuperable ·

No bastaron los sesudos conceptos de un tan dotado orador como Mayans, ni la sólida argumentación de nuestro adalid de la educación, el ahora Senador Esteban Bullrich, ni la sinceridad de la Dra. Valverde o palabras de una adelantada a su época como María Fiore para aplacar las infundadas críticas hacia nuestra más hábil conductora de debates en el hemiciclo. La innoble fiereza del feminismo K no entiende razones cuando de difamaciones se trata.

La gente de orden supuso que después del campechano discurso del paisano Alfredo se ablandarían los rústicos corazones de las féminas que aún se niegan a abrazar la sencillez de un hijo dilecto de ese fértil campo patrio que, no es necesario aclararlo, somos todos en espíritu y alma, mucho más ahora que no lo contaminan las populistas retenciones.

Pero no. Nada es suficiente. Las lenguaraces que envidian la locuacidad de Gabriela, su diestro manejo del reglamento parlamentario, sus finos modales y la infinita gala de virtudes de estadista que despliega ante rústicos legisladores que exhiben sin pudor carta de ciudadanía de Peronia, descargan sobre ella sus dardos envenenados solamente por haberla escuchado llamar al orden a un formoseño desacatado o pronunciar un “vamos todavía” que demuestra su sencillez expresiva con humildad propia del sabio.

Las diatribas que hieren a la Vicepresidente no hacen más que confirmar que estamos en lucha contra la disolución de la recta moral y las más sanas costumbres. La horda zafia heredada de la década disoluta todavía se yergue amenazante contra el más auténtico espíritu nacional, que se esfuerza heroico por despejar el camino hacia la virtud invocando la trilogía Dios, Patria y Propiedad que el vulgo en su holganza pretende ignorar.

Gracias a la entrañable Gabi tuvimos un debate ejemplar en el Senado, lleno de brillantes e incuestionablemente modernas exposiciones. Hasta dudosos personajes de la vieja política brillaron con elocuentes exposiciones de vanguardia. Desentonaron, desde luego, la arenga que de madrugada la fundadora de la cleptocracia dirigió a los enemigos del cambio y la reincidencia en la verba populachera de Miguel Ángel, al que habría que mostrarle más carpetas ─o cuadernos de apuntes─ por si pierde el hábito de estudiar el catecismo del opositor responsable.

Los esfuerzos de Mauricio, María Eugenia, Esteban, el ex Presidente Pinedo y tantos otros humanistas que se gestaron en el nutricio seno del PRO ─heredero por derecho propio del alto espíritu de la precursora UCeDé─ han dado su fruto moral: al fin gozamos de un Senado de vanguardia que no abandona la senda de las ideas más avanzadas gracias a la férrea voluntad conductora de Gabriela. Ojalá se llegara a tener una Cámara de Diputados en moderna consonancia. A no desesperar. El cambio, tal cual demuestra la pujante economía de la que ya gozamos, todo lo puede. ¿O no?

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