Y de pronto habló Cristina

Y de pronto ocurrió lo que muchos esperaban.

Por Jorge Giles para Agencia Timón

qq

“Tiene la palabra la senadora Cristina Fernández de Kirchner”, dijo a su disgusto la torpe y agria voz que leía los nombres de la lista de oradores.

Y Cristina habló. Y fue como si cantara una vieja canción de cuna en medio de un combate, para después entonar un himno cargado de convicción y coraje.

Muy lejos del recinto parlamentario y más lejos aún de los rostros desencajados de los viejos políticos que se acomodaban incómodos en sus bancas indolentes, miles de hombres y mujeres de pueblo la escuchaban sentados o de pie, lloraban una y otra vez emocionados, gritaban como se grita un gol cada bofetada contra los injustos y reían festejando la picaresca sutil e inteligente del fraseo ocurrente que cortaba el aliento de sus adversarios.

Aprendimos a decir desde las catacumbas, Gramsci mediante, que la realidad está definida con palabras y que por lo tanto, el que controla las palabras controla la realidad. Al menos, la propia realidad. Y es así que la palabra de Cristina en el Senado vino a sumar la letra que faltaba para seguir desnudando y denunciando hasta el hueso el acoso violento, patriarcal, machista y neoliberal de la que está siendo objeto esta sociedad y al mismo tiempo escribir a viva voz la reafirmación que ayuda a madurar la próxima victoria: “no me arrepiento de nada”, dijo Cristina y volvió a enamorar a quienes la escuchaban con los ojos bien abiertos y los sueños intactos.

Esos que escuchaban fueron y son los trabajadores, los despedidos y desocupados, los estudiantes, los jubilados, los científicos, los docentes, los pequeños comerciantes, los universitarios, los laburantes del Astillero Río Santiago, los de Fabricaciones Militares de Rio Tercero, las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, los artistas, los pequeños productores del campo y la ciudad, los artesanos como artesano fue Santiago Maldonado, los pueblos originarios, Milagro Sala la escuchaba desde la Jujuy sitiada por el fascismo tardío. Y lloraba de emoción, juro que lloraba.

Cristina habló por todos ellos. Y en el aire estaba que todos ellos, los que no se arrepienten de apostar a una vida digna y justa, hablaban a través de Cristina. La verdad, esa verdad agredida por el hambre, la miseria y las balas represivas, escondida en esos antros de la gobernabilidad maniquea, pasó al ataque de una vez y para siempre con argumentos poderosos e imbatibles.

Así en las calles tumultuosas, así en el pulcro recinto.

En estos días se dijo que Cristina es el último eslabón, el más glorioso, de una generación diezmada y que por eso la atacan y que por eso mismo ella no se rinde. Quizá habría que agregar que, además, esa palabra suya tronó con tanto amor e indignación la noche del Senado, no sólo por la persecución infame del gobierno de Macri y su metralla judicial contra su figura, sino porque en ella y a través suyo, atacan la memoria de un pueblo que se vuelve a encontrar con una abanderada.

El contraste con las voces miserables y llenas de odio que se pronunciaron en la reciente marcha con olor a naftalina y azufre del diablo, si es que existe, frente a las puertas del Congreso, es un contraste que atraviesa la historia larga y la historia corta de los argentinos. Esa clase ruin y menesterosa de un poder ajeno, gente egoísta y cobarde, es la que mata por la espalda y por encargo de los grandes medios que babean sus mentiras desde las pantallas televisivas noche y día.
Contra ese odio, contra los allanamientos a punta de pistola y sin testigos, contra un gobierno que ha bajado todos sus calzones ante los dueños del casino financiero internacional y su casa matriz, el FMI, los maestros, por ejemplo, vuelven a escribir y a enseñar en los pizarrones de las calles y las plazas qué cosa es eso de la soberanía y la dignidad, la memoria, la verdad y la justicia.

Y Cristina esa noche habló también por ellos.

Ante ese odio, modo plan cóndor del imperio, odio que la retuerce en la hoguera de su clasismo fusilador, las Madres y las Abuelas corrieron hasta ella con un abrazo de pañuelos y palomas, porque el amor es más fuerte. Siempre.

Los amanuenses del poder que, por izquierda o por derecha, miran desentendidos hacia los costados, como buscando un destino que no encuentran, los que no salieron a decir esta boca es mía cuando empezó la caza y la humillación contra la memoria del más justo gobierno de este siglo, el de Néstor y Cristina, deberían saber que la historia les guarda el mismo oscuro lugar de los “iluminados” que, siendo nacidos criollos, iban a bordo de la flota anglo francesa que cayó humillada en la Vuelta de Obligado.

Setiembre se viene a paso de vencedores. La primavera está más cerca de lo que muchos creen, aunque haya que soportar nuevos dolores.

Es que de pronto habló Cristina y las cosas volvieron a ponerse en su justo lugar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s