“Carnaval caté” de Rodolfo Walsh

“Corrientes: Momo se moja los pies”, decía la polémica crónica que Walsh publicó en 1966 sobre la celebración más popular y majestuosa del país. El gesto del periodista fue mostrar el contraste entre la celebración y las víctimas de la inundación del Paraná, que estaban con sus casas anegadas muy cerca del corsódromo.

Por Analía Ávila para APU · 

En enero de 1966 el escritor, periodista y militante Rodolfo Walsh llegaba a la provincia de Corrientes con su mítico grabador Geloso a cinta y acompañado por el fotógrafo Pablo Alonso. Habían sido enviados por editorial Abril para hacer una serie de notas periodísticas y Rodolfo tenía el proyecto de indagar sobre aspectos poco visibilizados de la cultura popular. Luego recorrieron también Misiones y Chaco. Así surgió una crónica sobre los carnavales correntinos titulada “Carnaval caté” que se publicó en abril de 1966 en el número 35 de la revista Panorama. La nota provocó una gran polémica y generó presiones legales a la editorial por el enfoque que le dio el escritor.

En “Carnaval caté”, nota rescatada después en el libro El violento oficio de escribir, el gesto de Walsh fue mostrar el contraste entre la celebración y las víctimas de la inundación del Paraná, que estaban con sus casas anegadas muy cerca del corsódromo. Así lo describe en la nota: “Sobre el fondo de la inundación, se celebra el carnaval más fastuoso del país”.

En las décadas del sesenta y setenta brillaban en Corrientes dos grandes comparsas, Ara Berá (en guaraní “luz del cielo”) y Copacabana, que desplegaban su vestuario y coreografías en la Avenida Costanera. Walsh pinta así la popular rivalidad entre las agrupaciones: “Durante enero y febrero el curso normal de la vida se detiene en Corrientes. Familias unidas por vieja amistad dejan de visitarse, noviazgos se rompen, negocios se suspenden, la agria política desaparece y una imponente ola de rivalidad, excitación, entusiasmo, sacude a la hermosa ciudad”. Y agrega: “Ara Berá y Copacabana libran una guerra que amén de la competencia específica por el triunfo incluye la rivalidad económica, el espionaje, la diplomacia, la acción psicológica, y que encuentra su símbolo final en las descargas de explosivos que en los días de corso atruenan las calles”.

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Walsh investiga también el origen social de cada comparsa y cuenta que el mote “caté” (“bien”), que el público aplicaba a Copacabana, provocaba fastidio en Ara Berá: “Nosotros somos tan caté como ellos, aunque ellos tengan ganas de largar más plata”, decían. En la crónica revela que los directivos de Copacabana se habían reclutado en la oligarquía terrateniente de ilustres apellidos (Sanabria, Goitia, Meana Colodrero) mientras que los de Ara Berá, provenían de la ascendente burguesía de comerciantes y profesionales. La popularidad de Ará Berá era mayor, en 1964 habían usado en sus protestas carteles que decían “Ará Berá con el pueblo”, y el público que los seguía coreaba el estribillo completándolo: “Y el pueblo con Perón”.

Al mismo tiempo que detalla aspectos de color de las comparsas, las historias de sus protagonistas y de los jurados de los corsos, el periodista intercala fragmentos que dan cuenta de la grave situación de los inundados: “A prudente distancia, en calles vecinas, hombres vencidos, mujeres con resto de pánico en los ojos, chicos semidesnudos miraban con asombro el paso de las comparsas. Eran los primeros evacuados de Puerto Vuelas y Puerto Bermejo, sepultados bajo las aguas, que acampaban entre colchones y desvencijados roperos”.

“El estado de emergencia provincial, que el gobierno había decretado poco antes por causa de las lluvias, estaba olvidado. El estado de catástrofe pertenecía al futuro de los papeles, de los borrosos planes de ayuda, y a la entraña del Paraná que en esos días iniciales de febrero se mantenía estacionario en su altura crítica, superior a los seis metros. La ciudad, alegremente le daba la espalda”, agrega el escritor.

 Walsh dispara: “Contra un fondo de pobladas tribunas se deslizaba una triste murga de inundados, campesinos en ruinas, electores desengañados”, y finaliza su crónica con un fragmento  de Chaqué, un humorista de El Litoral, que satiriza el contraste entre el lujoso carnaval ciudadano y la miseria del campo:

Sobre la gran fiesta

de máscara y farsa

paseó su tristeza

la agraria comparsa.

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Vía: APU (Agencia Paco Urondo) > http://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/carnaval-cate-de-rodolfo-walsh


 

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