¡Piedra libre al marxista!

SÁTIRA | Por Onó, el Insuperable ·

Comunacho, zurdito, marxista ateo… Todas esas ominosas palabras evoca Kicillof, el aniñado monstruo arropado por el populismo K.

KiciPC

 

Los esforzados caballeros de la City porteña, como les anticipé, elevaron a Miguel Ángel a la categoría de santo. Él vela como ninguno por la propiedad, la familia patricia y las sanas inversiones de capital, no por El capital que venera Axel. Por eso San Pichetto de los Mercados, fiel a su misión, desenmascaró al marxista que se hace pasar por el Dorian Gray del populismo: ¡Kicillof!

CarlAxel

Tras persignarse al escuchar el nombre del ateo, Gabi me dijo emocionada: “Dios es argentino, Onó, sin duda; por fortuna iluminó a Mauricio para elegir a mi sucesor justo cuando el marxismo apátrida volvía a amenazar con ensombrecer el país.”. Me asaltó un escalofrío al pensar qué hubiera sido de nosotros sin el ojo avizor de Miguel, que nos salvó por un pelo de sufrir la infame dictadura del proletariado.

Los vecinos de la bandera, con un don Alejandro muy compungido a la cabeza, me decían que no podían explicarse cómo se les había escapado este peligro, tanto o más terrorífico que el extranjero que copa los hospitales y aulas que pagamos los contribuyentes vernáculos con el sudor de la frente, flagelo que ya había denunciado el elegido del Estadista.

Es evidente que nuestro Cicerón tiene el afinado talento de descubrir a los catilinas que amenazan la moral y buenas costumbres que todo argentino de pro debería cultivar. Kicillof y sus conjurados estaban a punto de instaurar la plusvalía generalizada mientras economistas tan izquierdizantes como Lavagna hacían la vista gorda.

Le pedí de rodillas a Gabi que sin dilaciones formase de inmediato una comisión especial en el Senado, hogar por naturaleza del providencial Miguel Ángel, para ponerle coto al marxismo que se expande desde los oscuros túneles del axelismo.

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La garra leninista nos acecha. Recordemos las enseñanzas del gran Aldo, desenmascaremos a los zurditos que engrosan las filas populistas alineados al kicillofcismo ateo. Salvemos a los bonaerenses de esta reencarnación de Nikita kruschev que el fino olfato de vigía de occidente del ungido Pichetto ha percibido a tiempo. Nos engañamos. Pensamos que había terminado pero, ya lo vemos, la guerra fría continúa. Hay que ganarla de una vez. ¿O no?


KiciPC

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