Leandro Santoro: “Cada uno debe ocupar su lugar”

Un viaje en el subte porteño un miércoles al mediodía es un buen espacio para la charla

Por Guillermo Carlos Delgado Jordan para Noticias La Insuperable. Foto: Laura Trech

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Miércoles al mediodía; no van ni 24 horas desde que Leandro Santoro es designado por su amigo (y presidente) Alberto Fernández como Asesor “Ad Honorem” que allí está, en pleno vagón del subte “E” rumbo al centro, transpirando como todos en la calurosa jornada. Los vagones del “E” no tienen el aire acondicionado del que disfrutan aquellos que viajan “más al norte” de la república de Larreta que vive, y sufre, dos realidades de una avenida Rivadavia tajante.

Foto de rigor para la que instantáneamente coloca los dedos “en V”, como si este radical de pura cepa hubiese sido adoptado por padres de amor kirchnerista y la insignia digital es tan solo una forma de retribución a la plebe peroncha que lo sigue, que lo disfruta en los debates como si fuese uno más de ellos.

El primer diálogo se va en lo urgente, como las acciones de gobierno que apuntan a un pueblo que, coincide Santoro con Juan Grabois, “se está cagando de hambre. El presidente recibió un país destrozado, con agujeros por donde se lo mire y eso lleva a una batería de medidas para atacar al corto plazo. “Una vez que se cierre con el Fondo se podrá ir más allá. Pero primero es necesario definir eso, saber dónde estamos parados”.

No le escapa a sus dichos del 2018 cuando surge el discurso de Cristina en Cuba. “Hay que armar una CONADEP del endeudamiento y la fuga para evitar que esta estafa vuelva a pasar. Lo de la CONADEP de la deuda fue una frase que me dijo un amigo, que me quedó dando vueltas en la cabeza, que la adopté como propia y luego pasó a Cristina”.

En unas horas es la convocatoria en el Congreso contra el FMI. Agrupaciones sociales y políticas que votaron a Alberto la convocan. “Y está perfecto – dice Santoro – Cada uno debe ocupar su lugar. El pueblo debe presionar y exigir por sus derechos y por la verdad”.

El subte avanza y la charla continúa. Una rubia que está sentada cerca lo mira y escucha atentamente, como si fuese una clase y ella la alumna. “Hay mucho para trabajar y debemos estar unidos. Si compramos el discurso que nos quiere imponer la derecha, dejamos de discutir lo importante y con cómo nos dejaron el país, no nos podemos dar ese lujo”.

Se me rompió una porquería de la heladera. Dos mil quinientos mangos. ¿Cómo hace alguien que gana 20 lucas para repararla? No lo hace. No puede. Eso es urgente para la gente y es lo urgente para nosotros”.

Algunos medios confunden. Hay un sitio, El Litoral, que confunde. Titula que yo renuncié a la banca. U otros, que parecen saltearse a propósito que mi cargo es Ad Honorem. Yo solo me sumo un quilombo más y algunos andan diciendo que ya me acomodé en un nuevo puesto…”.

Sale el tema de su hija Anto (divina) sentada en el sillón presidencial. Hasta sobre eso debe soportar las críticas. “Yo soy separado. Anto es mi hija y en la semana sólo la veo los findes y los martes. Estaba conmigo. Como todos los martes”. Y la bella de su hija no es precisamente el perro de Macri que, al parecer, no molestó a nadie cuando se sentó en el Sillón de Rivadavia.

Bolivar. Fin del recorrido para Santoro. La rubia que lo miraba apura el paso y se va caminado con él. Escuchándolo. Porque Santoro es de esos políticos que no necesita masas ni multitudes para militar. Mucho menos cámaras.

El tren avanza y, por la ventana, lo veo a Santoro posando, con los dedos “en V”.

Como uno más.

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