Presencia aborigen prehispánica en Malvinas

Atilio Francisco Zangrando, un estudioso de los yaganes, publicó un artículo sobre la vida de este pueblo originario en el Canal Beagle.

Ilustración: Facundo López Fraga.

Desde hace veinte años, el arqueólogo del CONICET Atilio Francisco Zangrando, además vicedirector del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC-CONICET) ubicado en Ushuaia, focaliza sus investigaciones en estudios ecológicos sobre el comportamiento de los yaganes, también conocidos como yámanas: un pueblo originario que aún hoy sigue asentado en la región. El científico se dedica a estudiar las conductas humanas de estos antiguos pobladores de la región del Canal Beagle a través de su registro material: analiza su comportamiento, los distintos tipos de artefactos que fabricaban, cómo se movilizaban y de qué modo producían sus asentamientos. También basa sus estudios en fuentes históricas, es decir, analiza documentos históricos escritos que dejaron en la región cronistas y misioneros, y que hacen referencia a las conductas y formas de vida de estos pueblos originarios.

En el pasado los yaganes eran una comunidad canoera de cazadores recolectores que se movilizaban en la región. Estaban semanas o meses en algún sector de la costa, explotando recursos litorales como moluscos o peces que tenían en las inmediaciones, y también se desplazaban un poco más ya sea hacia el interior del mar o hacia el interior de los valles para buscar otros recursos, como mamíferos marinos utilizando canoas, o bien rastreando guanacos a pie tierra adentro”, explica Zangrando en declaraciones recogidas por el CONICET. “Para todas estas actividades desarrollaban tecnologías de caza, como las puntas de arpones para capturas de recursos en el mar, o puntas confeccionadas con roca que aparecen en los sitios arqueológicos”. Además producían agujas con huesos de aves para generar cestas que eran contenedores, fundamentales para las actividades de recolección y transporte de moluscos, principalmente mejillones, y todo lo que tomaban del mar era trasladado hasta el lugar donde estaban asentados, para consumirlos y descartar los restos allí.

Con sus años de bagaje a cuestas, hacia fines de 2021 Zangrando se encontró con un artículo, publicado en la revista Science Advances, que llamó su atención. En él, un equipo de investigación aseguraba haber hallado Evidencia de actividad humana prehistórica en las Islas Malvinas. Las y los autores, de universidades estadounidenses e indígenas, planteaban que a partir del hallazgo de ciertas huellas de comunidades indígenas yaganes, cabía la posibilidad de que hubieran arribado y residido con estadías cortas en las Islas Malvinas mucho antes que la llegada de los navegantes europeos, es decir, antes del siglo XVIII. Frente a este panorama, Zangrando, que estudia las sociedades nativas que habitaron la costa sur de Tierra del Fuego desde hace 8 mil años, analizó dicho artículo y planteó una visión cautelosa al respecto, que volcó recientemente en una publicación en The Journal of Island and Coastal Archaeology en coautoría con el investigador del CONICET Luis Borrero. “Las aseveraciones del artículo nos plantean una serie de dudas en cuanto a los argumentos, porque toman distintas líneas de evidencia que a nuestro juicio no resultan suficientes para estar seguros del hallazgo”, advierte el investigador.

Las y los científicos estadounidenses e ingleses del paper de Science describieron la presencia de pueblos indígenas previo a los primeros desembarcos en las Islas Malvinas de potencias europeas basándose en hallazgos ocurridos en las islas presumiblemente vinculados al comportamiento de los yaganes: en primer lugar, observaron abundantes depósitos de carbón; en segundo lugar, la presencia de artefactos como la punta de un proyectil y huesos de lobos marinos; y también, la presencia de huesos de una especie de cánido similar a un zorro cuya dieta, según pudieron saber a través de estudios químicos, habría sido similar a la de los yaganes, lo que les hizo pensar que pudo llegar a ser un cánido domesticado por ellos. “El problema es que todas estas evidencias no están asociadas a un contexto arqueológico firme sino que se muestran aisladas. Hallaron concentraciones de carbón en un sector, la punta de lanza en otro, los huesos en otro, cuando la esencia de la arqueología justamente es mostrar la asociación entre todas estas evidencias para interpretar la conducta humana en el pasado. En nuestra opinión, hasta que no se encuentre una evidencia firme con esta asociación, como los tipos de sitios arqueológicos que encontramos en el Canal Beagle, va a ser muy difícil aseverar la presencia humana en momentos anteriores a la llegada de los europeos a las islas”, asegura Zangrando.

A partir de la lectura del paper, los científicos argentinos realizaron un análisis de las evidencias halladas. Con respecto a las muestras de carbón encontradas en distintos puntos de Islas Malvinas y al planteo de que tienen un origen antrópico, Zangrando y Borrero advirtieron que los hallazgos se realizaron en depósitos naturales, sin relación con materiales arqueológicos, por lo cual no puede demostrarse una asociación directa entre las concentraciones de carbón y algún indicio de actividad cultural. Además, sobre el hallazgo de concentraciones de huesos de lobos marinos en ciertos sectores de las Malvinas y de una punta de proyectil, Zangrando señala que “estas densas acumulaciones de huesos de lobos marinos implican que se alimentó mucha gente, y si se alimentó mucha gente en el lugar tiene que quedar otro tipo de actividad en el sustrato, un registro sobre los instrumentos que utilizaban para procesarlos, sacarle el cuero, depostarlo y demás. Los artefactos y sus desechos, deberían aparecer abandonados junto a los huesos. Toda esa evidencia, que es muy normal encontrar en contextos como el Canal Beagle y que generaron los antiguos fueguinos en el lugar, no aparece en el registro de este trabajo. Hay que tener en cuenta que en las Malvinas  estuvieron presentes los loberos  por muchos años, donde se asentaban para desarrollar sus actividades clandestinas, arrasaban con las loberías, sacaban la grasa y dejaban las carcasas de lobos marinos tiradas sobre las playas, y esto generaba grandes acumulaciones”.

Para Zangrando, de todas formas, “el planteo de este trabajo abre una discusión muy interesante y posibilidades en términos de reclamo de nuestra soberanía sobre Malvinas, en particular considerando que estamos hablando de pueblos originarios que habitaban nuestro país hubieran ocupado el sector antes de la llegada de los europeos”. Sin embargo, los científicos argentinos piensan que aún falta desarrollar más estudios para tomarlo como una evidencia. Al respecto Zangrando señala: “No creo que la discusión esté finalizada, pero necesitamos evidencias más sólidas para poder asentar o utilizar esta interpretación para plantear algún reclamo sobre la soberanía”.

¿Cómo vive él, como arqueólogo, la cercanía con las Islas Malvinas? “Al interactuar con distintos colegas, a partir de este trabajo de investigación, se me abrió un horizonte sobre un tema que no había pensado previamente, que es el hecho de poder analizar y discutir evidencia humana en Malvinas. Normalmente, los arqueólogos necesitamos ir hasta el lugar para poder trabajar un espacio, excavar, tomar la evidencia, y esto no nos es factible en las islas, pero sí es posible generar o participar de estas discusiones. Viviendo acá uno lo encuentra como una necesidad de contribuir a la causa sobre la soberanía de Malvinas”.

A futuro, Zangrando pretende estrechar lazos de colaboración con colegas de otros países para continuar con el intercambio de opiniones en torno a la presencia o no indígena en las Islas Malvinas. “La ciencia nos ofrece la posibilidad de atravesar ciertas fronteras que a veces se encuentran muy cerradas o establecidas, y generar discusiones que pueden ser muy favorables a futuro”, dice, con esperanza. “En las investigaciones que se desarrollamos en el CADIC siempre trabajamos pensando en la soberanía sobre las islas. Es algo intrínseco a todas las actividades que desarrollamos en este lugar. Venir, instalarse acá y desarrollar investigaciones en sectores que plantean esta necesidad de una búsqueda soberana en la región. Personalmente jamás imaginé estar discutiendo sobre Malvinas con los yaganes, pero pensar que lo que venimos investigando desde hace años puede tener otra utilidad, que uno no veía, es algo muy atractivo. Aún no tenemos evidencia concreta de que haya ocurrido, pero si se comprobara, se abriría una interpretación totalmente nueva sobre la capacidad de navegación de estos grupos que estudiamos en la región, lo que a nivel arqueológico sería un hito, y en términos de soberanía, serían los primeros colonos de las islas y eso debería ser considerado al momento de discutir sobre el origen y la ocupación de ese espacio a futuro”, concluye.

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