Cuando la distopía nos sopla en la nuca

Con el propósito de la visita a la Argentina de Margaret Atwood, y a raíz de la vigencia de su obra, vale la pena preguntarse ¿cuán lejos estamos de una distopía? en una sociedad excesivamente controlada que vive un malestar general. Libertades amenazadas, mujeres que prestan/intercambian su vientre para la procreación, beneficios para algunxs a través de negación de derechos de otrxs, y una sociedad en la que se abolió la prensa y los medios de comunicación y donde se realizan ceremonias de disciplinamiento masivo. No parece un panorama ni remoto ni de ciencia ficción.

Margarita en flor

En pleno siglo XVII, en Inglaterra, Margaret Cavendish produjo una obra de avanzada, de un feminismo irónico. La traducción al castellano de sus cartas y discursos permite un abordaje actual y sorprendente a una autora que supo ser amiga de Hobbes y Descartes.

El RAM, los «Mapunkis» y los «Heavymapus» desde la perspectiva de un especialista platense

Santiago Maldonado, los mapuches, las comunidades mapuches, el rol del Estado como garante de la propiedad privada de los grandes terratenientes, el derecho de los pueblos originarios a vivir en la tierra que trabajaron y ocuparon por generaciones, son temas que debate la sociedad y desplazaron la monotonía de la propaganda electoral. Pero sobre todo corrieron el velo que ocultaba un debate que lleva décadas, o siglos: ¿Existe un sujeto colectivo que se pueda nombrar como «pueblo mapuche»? ¿Cómo viven las familias de las comunidades, cuáles son sus deseos, sus sueños, su trabajo, y su vínculo con las instituciones estatales? ¿Quiénes son los llamados «Mapunkis» y los «Heavymapus»? Sobre el final, además, Carpinetti deslizó una hipótesis sobre la composición de la base social del RAM

Fuera, indio

La desaparición de Santiago Maldonado puso en evidencia que en el sur “algo está pasando” entre las fuerzas represivas y los mapuches. En esta crónica, Santiago Rey reconstruye historias de Cushamen y su pasado doloroso, cuando en las escuelas los retaban si hablaban su idioma al grito de “Indio, hable bien”. Muchos jóvenes y no tanto, marginados en la ciudad, pudieron realizar el camino de vuelta a las tierras de sus ancestros, donde hoy la gendarmería los vigila de cerca.