La nena que jugaba en la ESMA

A los 11 años, Andrea Krichmar fue a jugar adonde trabajaba el papá de una compañera de escuela. Allí vio a una mujer encadenada y encapuchada. Más tarde supo que ese lugar era la ESMA y empezó a preguntarse quién había sido esa mujer, si la habrían torturado, si habría tenido un hijo, si la habrían matado. Su testimonio fue clave para demostrar que en la Escuela de Mecánica de la Armada funcionó un centro clandestino de detención.