Hay lugar en el Fondo

Con la invocación al FMI, el capitalismo de “laissez-faire”, que tan alegremente instauró Cambiemos, anunció el fin de fiesta. Comienza la clausura de salones hasta el próximo festival  de optimismo amnésico.

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable

Los invitados de honor serán protegidos, escoltados y conservarán los obsequios —con más los intereses que el don de oportunidad amerita— que recibieron en dos años y medio de celebración. Mayordomos, amas de llaves, maîtres y demás asistentes jerarquizados podrán retirarse con discreción a disfrutar de las propinas acumuladas. La plebe entusiasta que admiró el glamour tendrá, como de costumbre, su presente griego.

Fin de Fiesta: “La zorra rica al rosal, la zorra pobre al portal y el avaro a las divisas”, cantó en tiempos idos un catalán que ayer nomás, entre abrazo y abrazo de los inefables Chango y Changuito, llegó a olvidar que cada uno es cada cual. Ningún festín es eterno para colados, comedidos y mirones: “Vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas”. Al macrismo menesteroso le llegó la hora de ver salir del Caballo de Troya al equipo de coiffeurs que le hará, impiadoso, pelo y barba, cíclico presente griego que profetizó don Arturo Jauretche, no por casualidad, para el medio pelo vernáculo.

La Argentina de Vichy multipartidaria, que se había constituido en caja de resonancia del cambio, insinúa  en estos días de evocaciones funestas su inminente disolución. Tras acoplarse a la denuncia de pasadas fiestas inexistentes, el final de la que verdaderamente propició la expone a la temida orfandad del colaboracionista. La prensa adicta, por su parte, busca nuevos estupefacientes: desde el albañal, ciertas voces insinúan voluntad de redención. Viejos e impetuosos animadores de redes sociales languidecen por repentina voluntad en el rincón de la moderación o reclaman merecido descanso virtual.

La ristra de sobrenombres de funcionarios-estrella ya no parece despertar esas simpatías de nostalgia barrial que colmaba a los ministros de campechana eficiencia. La copa del dólar, la inflación, los precios indomables, las tasas récord y las tarifas rebalsó, sin previo aviso, con una sola avinagrada gota de Lagarde. El efecto Christine, además, obró el milagro de hacer intragable la teoría del derrame en viejos paladares omnívoros. Todo, claro, mal y tarde.

Pero esta fiesta que declina, como en otras oportunidades, cuenta con  rezagados de fuste que exigen disfrutarla hasta que se apague la última vela. Para ellos habrá todavía algún salón exclusivo, blindado a las tormentas de inoportuna miseria. Su nobleza de abolengo en la finanza justifica asistencia preventiva o, mejor dicho, extensión preventiva con animadores expertos en fuegos de artificio.

No está entre orgullos tales como la birome o el colectivo, que siempre tiene espacio atrás, en zona de hacinamiento. Ningún argentino inventó el FMI.  Sin embargo, para Argentina, indefectiblemente, hay lugar en el Fondo. Nunca falta. Es la antesala de la debacle. Cuando el último rezagado se harte, más temprano que tarde, el FMI será juez, verdugo y lastre del festín celebrado en el paraíso especulativo. Habrá que reconstruir, otra vez, desde las ruinas, con cicatrices más profundas e incertidumbres difíciles de prever.  De nuevo se reeditará el Mito de Sísifo, tributo al perpetuo olvido.

@ale_enric

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