Macrismo sin Macri

La decadencia del macrismo no implica el fin del modelo que su líder impuso en tiempo récord. El derrumbe de la figura prevista para ejercer un liderazgo breve y devastador es el más eficaz reaseguro para la continuidad de un proyecto de largo alcance.

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable

Como señala Mariano Kestelboim, en la era Cambiemos el pan le ganó al dólar por abrumadora diferencia de puntos porcentuales. Más que por puntos, lo derrotó por KO. Un título público al estilo dollar-linked, pero atado a la variación del precio del pan  —¿BoPan?—, sería el producto financiero que mejor reflejaría el perfil de la economía macrista. Menos rendidor, desde luego, que los imaginables bono-tarifa-servicios y bono-medicamento, pero con mayor fuerza simbólica para caracterizar una realidad de miserias, hegemonía especulativa y zozobra programadas en constante avance.

Primarización, liberalización del comercio y financiarización son la apuesta fuerte del cambiemismo, rumbo y meta a la vez. Las consecuencias no importan. Cuanto más graves se tornan, más aguda es la dosis circense de operaciones anti política y mayor la insistencia en  naturalizar las condiciones de vida que considera deberá aceptar el grueso de la población, por las buenas o por las malas, con o sin Macri. El modelo es el único bien a preservar e institucionalizar.

La lógica de las corridas cambiarias que elevan el precio del dólar tiene, sobre todo este año, la misma dinámica de la política oficialista para generar la calma artificial que precederá al próximo embate: tres pasos adelante y uno atrás. Tanta metáfora climatológica no es capricho verbal: entre tormentas forjadas en el laboratorio de la rapiña, el sistema de daños progresivos —complementario de la doctrina Macri-Bullrich— se impone contra viento y marea.

Aunque las distancias entre lo prometido en 2015 y lo hecho hasta ahora sean tan grandes, aunque la conducción de la economía parezca el dislate nacido de la improvisación regida por la búsqueda de prebendas, el plan de Cambiemos aspira desde su primera medida, más allá de las apariencias grotescas, al larguísimo plazo. El macrismo es todo lo contrario a la improvisación que se esmera en aparentar para forzar un recambio de esencia gatopardista: “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi” (1).

El gatopardo

Cada crítica opositora centrada en la supuesta falta de idoneidad de los funcionarios más expuestos, cada ridiculización de lo que luce a primera vista como improvisado es una nueva mordida en el anzuelo, una ayuda inestimable para asegurarle longevidad al plan. Lo que hoy por hoy llamamos macrismo es una construcción pensada para afianzarse sobre las ruinas de la imagen del propio Macri.

Son pocos los dirigentes de cuño opositor auténtico que evitan morder las tentadoras carnadas del espinel que despliega Cambiemos mientras, en la trastienda, como se ve, ensaya a través de sus satélites comunicacionales los primeros tanteos de posibles sucesores a la presidencia, falazmente antagónicos, entre las figuras centrales de la quinta columna del cambio: los floreos mediáticos de Massa en su vuelta repentina, los de Urtubey y hasta los de Pichetto hablan por sí mismos.

@ale_enric

 


  1.  “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie” (Giuseppe Tomasi di Lampedusa, El gatopardo).

 

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