Responsabilidad cero

La nueva derecha triunfante descansa en variantes de un viejo accionar y en la supresión de la responsabilidad, que se yergue como escudo protector en este retorno al orden elitista. 

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable ·

Era previsible que una alianza constituida bajo la égida de un partido conservador no trajera innovaciones positivas ni en lo político ni a lo económico más allá del plano declamatorio. El camino recorrido desde la asunción del PRO ─a través de dos imágenes de diseño: Macri y Cambiemos─ es el de las viejas prácticas persecutorias y prebendarias. Puede que su adaptación a las tecnologías disponibles en la actualidad las haya tornado más rápidamente eficaces en lo que a daños se refiere.

Esta vuelta a las conocidas sendas de retrocesos en el bienestar general, la pérdida de libertades, garantías y derechos que en Argentina se han denominado restauraciones conservadoras se pone de manifiesto no solo en las prácticas autocráticas guiadas desde un partido de élites con influencia decisiva en los poderes estatales y reales sino también en la actitud de acompañamiento casi irrestricto del grueso del arco político que allana el terreno al PRO para un veloz cumplimiento de sus objetivos estratégicos.

La acumulación de hechos de carácter partidario, institucional y normativo lleva a inferir que esta última restauración tuvo un fuerte consenso previo a 2015: el desenvolvimiento de políticos profesionales, actores de la “sociedad civil”, medios de comunicación, corporaciones empresariales y representantes de diversos sectores con influencia en la esfera pública fue sincronizado hasta en lo discursivo e intensamente funcional a la construcción de un escenario propicio a la restauración en curso.

Las coincidencias en el contexto latinoamericano, además, son tan numerosas que tornan imposible desde un punto de vista racional ridiculizarlas, como solía ser costumbre, inscribiéndolas en la categoría de alocadas teorías conspirativas basadas en caprichos comparativos de sesgo anti capitalista. Tildar de “conspiranoicos” a quienes hacen hincapié en tan notable cohesión en el accionar judicial y político de la región ya no tiene la fuerza degradante de antaño: el único recurso es la negativa sin anclaje real.

La nueva derecha triunfante en muchos países de habla hispana descansa en variantes de un viejo accionar, en aggiornamentos o mixturas y en una supresión, la de la responsabilidad, que se yergue como fundamental en este retorno a un orden elitista, lesivo para el patrimonio del Estado, blindado a consecuencias personales futuras por cambio de vientos. Podría decirse que en tal vuelta de tuerca sí hay un germen de innovación auto defensiva de inspiración múltiple en la que el PRO es vanguardia.

Varios modelos que, no obstante, guardan íntima relación, confluyen para combinar los mecanismos que borran toda apariencia de responsabilidad política inmediata, idóneo andamiaje de inmunidad para eludir rendiciones de cuentas por venir. El paradigma de responsabilidad cero desnuda ─aunque sin consecuencias─ las más flagrantes contradicciones de la insustancialidad discursiva que en Argentina se ha identificado como verbalización oficial del cambio pero que se replica en latitudes cercanas.

El modelo empresarial de tercerización está en la base que sustenta la responsabilidad cero, en íntima sociedad con la contradictoria exaltación de la virtud apolítica. En sistemas presidencialistas como el nacional suelen cargarse en la cabeza del ejecutivo, ministros y funcionarios de primera línea responsabilidades reales de mucho peso e, incluso, unas cuantas imaginarias. La política, ciertamente, como la inicial. De ahí en más, casi todas las derivaciones concebibles. Pueden todas eludirse tercerizádolas.

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La estratagema parte de un latiguillo hartante, todavía en pleno uso: la pesada herencia populista, una forma rústica de deslinde retrospectivo que ha echado raíces hasta la automatización oral y escrita. En Ecuador, Lenín Moreno ha invocado la pesada herencia del gobierno precedente, del que formaba parte nada menos que como vice de Correa. Calcos que espantan. El presidente tránsfuga ─así llama con acierto M. Croceri a Lenín─ y sus funcionales tampoco se quedan atrás en exigir apoliticidad al prójimo.

El derrotero tercerizador del ejecutivo requiere, desde luego, proveedores en los otros poderes, en los gobiernos provinciales, en el difuso entramado de asociaciones y ONG que albergan operadores, lobystas, académicos sin cátedra e imprevistos dadores de criterio de autoridad. Así las máximas figuras políticas oficiales del país nunca hacen explícito su plan de gobierno, ni los pormenores de su proyecto ni la potestad ideológica que guía su accionar, que presentan como un simple devenir administrativo.

Toda aproximación a una definición política queda reducida, entonces, a generalidades que no implican compromiso. Las catástrofes se licuan en una burocracia cuyas prioridades nadie conoce. La proscripción de opositores fue derivada a una rama venal del poder judicial experta en lawfare, que coquetea a diario con los medios; la censura informativa, al trípode que conforman medios oficialistas prebendarios, oscuras pautas de la Ciudad o de la PBA y el vaciamiento camuflado en mejora de los medios públicos.

El ajuste que el gobierno de Macri encaró desde el primer día de mandato como decisión político-económica en favor de un sector minoritario no se hizo explícito hasta que apareció el tercerizador adecuado: el FMI. Antes se había implementado con la disimulada ferocidad de la subejecución de presupuestos, el comodín de la modernización e invocaciones generales a la ética, el mérito y la racionalidad en la gestión buscada por esforzados oficinistas sacrificados en la función ministerial.

El Congreso es también, sin duda, un fusible tercerizador que ha diezmado imágenes de opositores en beneficio de la imposición de una legislación base para el proyecto no declarado de Cambiemos. La exposición al escarnio de diputados y senadores ha sido muy superior a la del presidente y sus ministros: cada sector perjudicado por los proyectos allí aprobados descargó su crítica más virulenta en esos legisladores lábiles.

La impostura jurídico-mediática de los imperitables cuadernos del chofer amanuense tiene todas las características de una tercerización combinada multipropósito de alcances finales aún a desentrañar: en principio, un recrudecimiento del lawfare en momentos de crisis aguda con posibilidades ciertas de proyectarse en la consolidación económica de la neo aristocracia socio-familiar a través del desguace en el futuro cercano de un empresariado con demasiado poder como para aceptar el nuevo orden.

Apartarse del foco de las responsabilidades, eludir compromisos de índole diversa y reducir todo riesgo de exposición representan la esencia misma del fenómeno tercerizador que en el universo empresarial se engalana con apelaciones a la eficiencia, la practicidad externalizante y la agilidad que aportan las subcontrataciones. Que el macrismo haya extrapolado el modelo a su estrategia política hasta podría considerarse una decisión coherente con sus afinidades electivas y visión social.

Laura Meradi, autora de Alta rotación

La temida macdonaldización de la sociedad que se proyectaba a partir de la década del noventa con su carga de empleos basura, chatarrización alimentario-ocupacional e inestabilidad del trabajo joven ─Laura Meradi lo plasmó con crudeza en su libro Alta rotación─ ha sido ampliamente superada por la impronta macrista que propicia un orden con responsabilidad cero desde la conducción política hasta las relaciones laborales: la uberización de la Argentina, sin límites y en todos los aspectos vitales.

@ale_enric


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