Enfermedades que avanzan

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable ·

A la sombra del covid se hacen cada vez más peligrosas las enfermedades político-económicas que corroen el bienestar presente y futuro del grueso de la población. Los privilegios que se le renuevan con exasperante naturalidad a minorías prepotentes amenazan con convertirse en dolencia crónica.

La enfermedad real, nada metafórica, que hoy representa el covid-19 con sus inquietantes mutaciones implica también pensar en un mañana en el que, superada la amenaza viral, puedan sobrevivir socialmente los ciudadanos degradados a la categoría de eternos pacientes de la inequidad.

Con el sistema de salud en primer plano, con la mira puesta en los esfuerzos que se realizan para sacarlo del pozo en el que lo enterró el cambiemismo antes de que se sature y colapse, desfilan en bambalinas acciones de política oficial que impactan tanto en el plano simbólico como en el práctico. Ninguna concesión ideológica ni privilegio, sin embargo, desarticula el discurso de odio e indignación que JxC refuerza minuto a minuto para degradar a la conducción oficial.

Crece así la impresión de que a la poco seductora idea de un gobierno de centro que significara un leve desahogo para los estratos sociales más castigados se le impondría día a día el tránsito hacia la resignación de tener que padecer uno de derecha, en este caso edulcorado y menos desafiante con los perdedores, pero tan conservador como el de la arrogante nueva derecha que hace menos de un año se retiró de la administración aunque, por lo que iría viéndose, sin perder ni un ápice de poder ni presencia decisoria.

A la infestación de funcionarios provenientes del macrismo instalados en altos cargos de la administración pública se suma el constante beneficio o apaño –incluso el elogio- a grupos económicos que fagocitan los recursos de la población con soberbia monopólica, fuga de divisas y otros vicios. El ser y el parecer son cada vez más ambiguos en lo que a imagen oficial se refiere.

Twitter Alberto Fernández

Hasta el castigado sistema educativo estatal, hoy en trance de afrontar los desafíos de la enseñanza a distancia –con la brecha digital al rojo vivo- desde la paupérrima condición material de escuelas, docentes y alumnos, privilegia a uno de los grupos que más se ha enriquecido a costa de prebendas, lawfare y daño infligido a la convivencia democrática. Los disimulos oficiales profundizan la exasperación.

FUENTE: El Disenso

 Justamente este campo es clave: el proyecto destructor del sistema educativo estatal se yergue como primordial para las élites autocráticas, une a neoconservadores y neoliberales con el ariete de la nueva derecha que representa el PRO en CABA, centro estratégico y táctico con proyección nacional para la difamación e inclemente labor empobrecedora de la escuela estatal, la docencia y la educación inclusiva, por oferta, en favor de grupos oportunistas que buscan imponer el negocio a partir de la exclusión de la educación por demanda, siempre amparados en el camaleónico fundacionismo que fortalece el ideario derechista más rancio.

N. Trotta

También es un hecho que la Ley de medios, mutilada, sin cambios en el horizonte legislativo ni siquiera por decreto, rige para beneficio de un poder de difusión concentrado, dañino e insidioso que trabaja la falsedad en beneficio de sus propios objetivos de lucro, estos casi siempre reñidos con el interés nacional y el espíritu republicano.  Endeudadores, fugadores de divisas, especuladores y monopolios son los únicos beneficiarios de la pandemia mientras las noticias falsas abonan campañas de odio basadas en tergiversaciones unidas al repertorio de prejuicios creado en el último lustro.

Con la inminencia del necesario aislamiento estricto en el AMBA, área clave en concentración humana, el horizonte político inmediato  se prevé tenso, propicio para el virulento ataque opositor diseñado en las usinas especializadas en embustes de impacto emocional. Como señala Figueras, aún no existe una estrategia de comunicación que desde el campo progresista pueda contrarrestar la efectiva rusticidad de azuzar odio, envidia y despertar la indignación iracunda en que se destaca la derecha autocrática desde hace años con excelentes resultados.

Es inevitable, entonces, que las consecuencias de la pandemia, por benignas que resultaren en comparación a otros países o en contraste regional, estallen más temprano que tarde como bombas de odio desestabilizador lanzadas desde las usinas PRO.

Por ahora nada se presume efectivo para anticiparse a desarticular o mitigar ese embate. El refuerzo del apoyo de votantes y militancia, la renovación de las expectativas, parecerían ser único remedio. Si así fuera, una demostración de verdadero progresismo se impondría en esta coyuntura por sobre la diplomacia casera tibia y las concesiones estériles que podrían dejar al gobierno de Alberto Fernández con las manos vacías. Pero en contexto pandémico, claro, nada es definitivo. O tal vez nada es lo que parece.

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