“Rompan todo” o Crónica de los amigos de Santaolalla

Con una curiosa vara, la serie de Netflix sobre la historia del rock en Latinoamérica presenta algunos aciertos e increíbles olvidos

Por Carlos Alberto Resurgian para Noticias La Insuperable

Se presentó en estos días por Netflix, “Rompan todo” una sesgada perspectiva del rock latinoamericano, proyecto surgido hace un par de años de la mano del argentino Nicolás Entel, productor ejecutivo y guionista principal, la dirección de Picky Talarico y con la marcada presencia del músico, productor y ganador del Oscar, Gustavo Santaolalla, quien se sumó en calidad de productor ejecutivo y también de entrevistado.

A lo largo de seis capítulos que se desvanecen en su efecto, la historia aborda a través de imágenes, música, documentales de época y entrevistas, el devenir del rock en Latinoamérica desde ya entrados los 50 a una fecha no identificada pero que, evidentemente, no es el presente (no al menos en Argentina).

La historia transcurre correcta en sus orígenes, identificando a las primeras cabezas que armaron “la cosa”, con las obligadas menciones al Club del Clan y Los Teen Tops, Los Gatos Salvajes, Los Shakers y Los Saicos, para muchos la primera banda punk del mundo, surgida en la misma Lima.

A partir de lo que llamaríamos la “segunda camada” del rock argentino, la que prosigue al tridente Gatos-Manal-Almendra, la historia se desvirtúa. Aclaremos al lector, previamente, que no solo nuestro análisis será tendencioso (más cercano al del rock “nacional” o argentino) y será tendencioso por demás en una historia por demás tendenciosa, plagada de olvidos, entretenida a veces, y con contados aciertos.

El gran desbalance en el contar de los acontecimientos  lo marca, sin dudas, Gustavo Santaolalla. No vamos a dudar aquí de sus virtudes musicales ni de sus aciertos (múltiples) como productor, pero al apoyarse el argumento de la historia en sus bandas y en sus “producidos” (desde León Gieco a Café Tacvba) se desacomoda todo lo real para reconvertirse en una visión parcial y segmentada.

Sin entrar en el peso histórico de Arco Iris (2 temas se pueden recordar) y Wet Picnic (banda de Santaolalla en EEUU que hay que googlear para recordar cómo se llamaba) dejando de lado a la impronta fáctica, comercial, emblemática y/o trascendente de otras agrupaciones argentinas, o solistas, que no son ni siquiera mencionados, presenta sin dudas una ineludible primera llamada de atención.

La segunda llamada la da la “necesidad” de los hacedores de la serie de mostrar un producto participativo y, sobre todo equilibrado (y así comercializable), entre las “cabezas” que serían México y Argentina, cuando, en realidad, no existe ni punto de comparación en la riqueza y abundancia en materia de rock entre lo generado aquí y de lo hecho allá. En consecuencia, se multiplican las citas a las cinco o seis bandas mexicanas que “la pegaron” y acá no se nombra a Pedro y Pablo, Rata Blanca, GIT (aparece una tapa de un disco), Pastoral, La Torre, Riff, La Renga, Los Decadentes, Lerner, Aquelarre, etc, etc, etc.

Uno de los aciertos (el principal) sin dudas, es el paralelismo necesario entre el devenir político-histórico y el rock. Muy bien sintetizado en el caso chileno, mexicano y argentino. Pero ahí surgen también los inexplicables olvidos; obviar durante la guerra de Malvinas a Raúl Porchetto, o el surgimiento de Juan Carlos Baglietto y la trova rosarina es, mínimamente, alevoso, y engrosan así a la larga lista de los “Lord Voldemort” de Rompan Todo.

Para finalizar, deja sabor a poco (es largo el período para 6 cortas entregas) en el derrotero de la aparición cronológica de las bandas y solistas el casi solo nombrarlas (con alguna excepción en Charly o Soda) cuando aparecen y no en su compleja obra. Así, por ejemplo, Virus queda reducido a Wadu Wadu y Spinetta parece desaparecer luego de Pescado. Si resulta simpático para los de estos lares, y suma a la simpatía de la historia, ver a Julieta Venegas en sus épocas de Tijuana No! o, más aún, a Juanes pelilargo haciendo heavy metal.  

Más allá de todo esto, festejamos desde aquí este acercamiento a la temática del rock, en un producto ben logrado que no es la historia, pero, al menos, es una de ellas.

5 Comments

  1. Olvidar a los verdaderos precursores del Rock Nacional, es como olvidar el nombre de tus hijos, de tu pareja, de tus padres, es IMPERDONABLE.
    El Sr. Entel, debió leer, escuchar e indagar más sobre la historia del rock argentino. Olvidarse en este film de bandas y músicos nacionales que hicieron historia, es hacer un producto sin valor histórico REAL, es sólo para la Monada.

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  2. Por fin ‘!!! No me siento tan sola !!
    Una indignación !! Enorme , una historia pobre y mentirosa !! Que les pAsó a esta gente ?? A mi no me mienten , pero a las nuevas generaciones hay que explicarles y eso hago !! Una verdadera estafa a la hstoria del Rock nacional ! Y una lamida de pies al resto !! Verguenza !!

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