Segundo acto

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable ·

La construcción de puestas en escena grandilocuentes explica sin muchos requiebres analíticos el ascenso y permanencia del macrismo sobre el tablado político nacional, incluso el regodeo en la impunidad del grupo de funcionarios que encabezó el elenco en tiempos de estreno.

Tras el desgaste de los decorados de las escenificaciones más rutilantes, decolarados por la acción lumínica del optimismo indiscriminado y su uso repetido en el primer acto, se impuso una escenografía renovada para el segundo ─que ya está en marcha─, con menos luces pero abundancia de claroscuros que favoreciesen la entrada de primeros actores ya no tan mimados por la crítica como aquellos que iniciaron, mucho antes de 2015, la obra. Telón otra vez arriba, paisaje y personajes nuevos. La mímesis del cambio en su versión realista, exacerbada.

Queda ahora menos espacio escénico para artistas de profesionalismo dudoso, repetidores de libreto: se impone un texto dramático de máxima elaboración, mejor representado, que borre a través del pánico cualquier huella de vana esperanza sembrada en el acto inaugural. Llegó el tiempo de los verdaderos expertos, de los actores fogueados en los escenarios trágicos del tercer mundo, de los corifeos que saben como subyugar a un público alienado con meticulosidad por saltimbanquis e ilusionistas.

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La frase del súper-ministro en potencia, Nicolás Dujovne, “nos esperan dos o tres meses difíciles” recorrió el país cuando aún no habían terminado los festejos del macrismo saltimbanqui residual, en penosa retirada, por la confirmación de la vuelta al Fondo ─es decir: el anuncio formal de la aprobación de la línea crediticia de salvataje─, en simultáneo con el ascenso a la categoría de “emergente” del MSCI, y comenzaban los lamentos cargados de críticas por la derrota futbolística ante Croacia. Primeras pinceladas rotundas, si se quiere, de un fondo gris en avanzado proceso.

Como al pasar, entre tanto duelo deportivo e inconmutables condenas al error de un arquero observado desde el vamos con ojo inquisidor, digno de un Hernán Lombardi, el camarín del INDEC en el que se apoltronó Todesca hizo públicas cifras para ornamentar nuevos decorados con ladrillos de cartón-piedra: desempleo del 9,1 para el primer trimestre del año; intercambio comercial de mayo, deficitario en U$S 1285 millones (redobla con creces los 576 millones de mayo del año anterior): baja de exportaciones del 6% y suba de importaciones del 6,3%. Hubo otras de esa laya, como la fuga de divisas, claro, y es seguro que habrá muchas otras para elevar el muro estadístico de lamentos.

Desde el estrellato dolarizador surgieron aportes con glamour para una cruzada siempre vigente, anticipada desde la escuela cocoliche local por su maestro de actuación, Cristiano Ratazzi, en momentos no tan lejanos en los que precisaba ante los micrófonos de los medios su precio de equilibrio para el dólar, que estimaba adecuado en $ 26, al tiempo que sugería, al desgaire, que “dolarizar la economía podría ser una solución”. Steve Forbes, en su artículo Cry For Argentina: The IMF Is Coming del 5 de junio pasado, también lo propuso, aunque con mayor vehemencia y cercanía a la llegada de la remesa inicial del blindaje FMI, organismo-comodín, único en su especie para justificar por el elogio o el denuesto la calamidad que se desee imponer como sino inevitable.

Estas apariciones hacen verosímil prever que no sería extraño hallar muy pronto en escena a viejos actores de la compañía dolarizadora, moscas en la miel que para ellos representa la inflación, que por hartazgo doblega resistencias ciudadanas a declinar la soberanía monetaria. En sus parlamentos, antaño declamados en escenarios que van de Ecuador a Zimbabue ─sin perjuicio de otras presentaciones de rutina─, no aparece jamás la falta de garantías de que, en caso de adoptar la dolarización plena, no se produciría una inflación local en la moneda foránea tras un veranito de estabilidad, ni lo difícil que resultaría salir de ella ─¡fue tan fácil entrar!─ cuando a la postre se sufriese el naufragio en aguas de las decisiones monetarias pensadas para beneficio de otros mercados, otras realidades comerciales y otras búsquedas de equilibrio.

El segundo acto, más allá de toda variante lógica e imaginable, por cuestiones de coherencia dramática del cambio, debería agudizar todo conflicto ya desatado en el primero: la idea de un río revuelto con pescadores más avezados tendería a trocarse en realidad. La educación estatal, para empezar, es un campo a destruir con vistas a reorganizarlo a gusto del privilegio privado, por imperativo de la demanda y no de la oferta; un codiciado mercado a edificar en base a un elitismo camuflado tras diagnósticos catastróficos y falsas banderas, que hicieron del término equidad un engañoso sustituto de la palabra igualdad, que en territorio educativo se proyecta al acceso, al derecho, a las oportunidades y a la calidad, como mínimo. Con diferencias formales evidentes pero similitudes esenciales, en el campo de la salud el camino sería análogo.

La actitud de un número elevado de opositores venales ─a esta altura inmunes al reproche e, incluso, a la sátira─, en notable vacío escénico, lleva a inferir una confluencia variada de intereses en torno a la previsión social, especialmente en el terreno de jubilaciones y pensiones. La preanunciada transferencia de recursos del FGS hacia el capital oportunista no cosechó siquiera resistencias simbólicas por fuera del volátil mundo de la condena de micrófono, que sucumbe ante la materialidad parlamentaria que se reitera sin pausa desde la celada de la Reparación histórica.

Crédito imagen: Agencia El Vigía

El padecimiento estanflacionario del año en curso  será también parte del paisaje por venir: “Lamentablemente, vamos a tener por delante meses con más inflación“, declaró Sica, conocido personaje hoy afincado en el llamado, con ironía perversa para los vientos que soplan, Ministerio de la Producción. Nadie quiere perder la oportunidad de colaborar con los escenógrafos. La intensificación del grotesco en boca de nuevos actores de reparto será tal vez otro golpe de estilo para lograr una mayor exuberancia en la escala de grises del acto en desarrollo.

A cargo del coro de siempre quedarán las letanías que es menester teatral que sigan resonando en la sala: populismo, dictadura, demagogia, herencia, “no haber sido Venezuela por milagro”, camporismo, justicialegitimismo, corrupción K… Los corifeos se turnarán para intercalarlas en sus peroratas, como hizo el citado S. Forbes al promediar su arenga dolarizadora de revista: “Macri is holding the rotten hand dealt by his two corrupt, tyrannical predecessors, Cristina Kirchner and Néstor Kirchner.”. Don Steve hubiese decepcionado a la nueva derecha si decidía abstenerse de calificar de corruptos y tiranos a quienes precedieron al presidente que él, sin vueltas autorales, caracterizó como conservador: Mauricio Macri, modelo de honestidad para desprevenidos y moralistas selectivos de la “filosofía” relativista de la alta finanza, plasmada en publicaciones redentoras del espíritu especulativo.

En un contexto de representación continua, cabría preguntarse por el carácter del paro de mañana: ¿será parte de un segmento de la obra en curso? Que un gobierno  escenificador por convicción le exija al sindicalismo blando que encarna el devaluado triunvirato cegetista la exhibición de, al menos, un rasgo verosímil, propio de su razón de existir, que a la vez favorezca la catarsis ─aistotélica necesidad para públicos desfallecidos─ parece algo más cercano al acierto que a la especulación concebida al calor de una complicidad evidente.

En la Argentina que navega entre apariencia y realidad, entre imposturas escénicas y tragicomedias de laboratorio, los cambios de rumbo exigen descifrar señales siempre equívocas. Un marco de contradictoria virtualidad en el que los márgenes para conjurar pérdidas que podrían tornarse irreversibles en el corto plazo son, por desgracia, cada vez más estrechos.

@ale_enric

 

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