Parecer y ser en cuarentena


Por Silvina Belén para Noticias La Insuperable ·

La cuarentena puede mejorar su imagen intelectual. No subestime esta ventaja que esconde el aparente infortunio del confinamiento. Si usted no especula con instrumentos financieros o divisas pero comparte con otros semejantes la esperanza de salir enriquecido de este trance viral, puede llegar a tener su oportunidad si hasta hoy fue un lector o lectora de perfil bajo, sin grandes pretensiones pero inconfesable aspiración de sensibilidad estética.

Como diría algún chico PRO de familia bien relacionada y cargo jerárquico en el GCBA, dedique también algunas horas a su marketing personal. La cuestión central apuntaría a ser y parecer. Parecer mucho y ser hasta donde se pueda y guste. El asunto pasa por matar dos pájaros de un tiro.

Es tiempo de  aprovechar que las librerías se han puesto menos intratables con los envíos, igual que las editoriales independientes. Y  que los canales de comunicación digital ofrecen hasta representaciones de teatro en plan virtual.  No es poco cosa a la hora de darle algo de lustre a nuestro postergado intelecto. Pero hay más.

Muchos medios en línea dedicados a la cultura que hasta hace poco languidecían se han lanzado con nuevos bríos a atraer público ocioso, empachado de Netflix. Por otro lado, abundan las visitas guiadas a museos, bibliotecas, galerías de arte y afines, todas ciento por ciento ciberespaciales. Incluso algunos referentes de redes sociales que hasta ayer poco o nada tenían que ver con la literatura, la filosofía o el arte se han descolgado con recomendaciones librescas. La cuarentena extendida tiene estas cosas.

No se preocupe si aprovechó alguna oferta por lote, le vino el Ulises de Joyce en el montón pero usted se siente con poca voluntad de devorarlo. Es un libro comodín. Puede darle un vistazo al famoso monólogo interior de Molly, después usarlo para selfies seductoras de nerds y, finalmente, usarlo de soporte para comics, como hace la chica de la ilustración.

Otra posibilidad es abordar lo que antes parecía inabordable aprovechando los atajos que nos sugieren los especialistas, hoy por hoy con mayor protagonismo y espacio para explayarse en los más diversos medios dada la revalorización del ocio creativo. Aquí, en NLI, no es novedad –un poco de autobombo no viene mal- pero la tendencia se ha multiplicado. Sea como fuere, ya que la caridad bien entendida empieza por casa, damos a continuación un par de ejemplos locales:

Por otro lado, la buena poesía argentina ahora se encuentra al alcance de la mano. Los poetas también están en cuarentena. Privados de tertulias, serenatas, sesiones de lectura, vida nocturna y demás placeres de su oficio, están atentos a las necesidades de sus lectores. Nada de peregrinar por librerías para encontrar sus colecciones de poemas o lidiar con editores que demoran las respuestas hasta la exasperación o esgrimen un lacónico “agotado”.

¿Quiere leer a Gustavo Yuste? Bueno, pase por su Twitter que allí va a encontrar toda la información que necesite. No espere egocentrismo ni petulancia, sí lirismo y sobriedad. Es hombre de talento y modestia. Esto no tiene nada que ver con que haya publicado Lo que uso y no recomiendo bajo el sello editorial Modesto Rimba, no se malentienda. Mejor pase y vea: https://twitter.com/gustavoyuste. O lea De qué sirve un puente que nunca se usa.

También parte de lo dicho en Militando el ajuste literario sigue teniendo vigencia, aunque ahora es preciso manejarlo desde la virtualidad. En ese entonces nos asolaba el macrismo con sus medios adictos que pretendían convencernos de las bondades de las “trabacaciones” y el consumo de alimentos vencidos o, en su defecto, nutritiva tierra de vieja maceta; hoy nos cerca la pandemia.

Si como a muchos hombres y mujeres confinados en sus moradas a usted se le ha dado por exhibir sus logros en la cocina, tiene a su alcance una refinada salida de la vulgaridad: la gastronomía literaria. Hay escritores que han llevado tan lejos sus experiencias culinarias que hasta incluyen las recetas en sus narraciones. Valdría la lectura de un pasaje de Réquiem, de Tabucchi, para conocer en detalle los secretos del sarrabulho portugués -justamente Ficcional se refirió al asunto en su artículo El amigo italiano– o la del cuento de Calvino, Bajo el sol jaguar, para adentrarse con profundidad en la esencia y sabores contundentes de la cocina mexicana.

De usted depende, entonces, brillar en las selfies como persona apegada al arte, en los estados de WhatsApp como refinado lector, en las redes sociales como crítico idóneo o gastrónomo literario y siempre, pero siempre, con un libro o cuadro como escenografía en las videoconferencias que sus ocupaciones de teletrabajo le impongan.

Recuerde que, según la autorizada palabra de Ricardo Piglia, “Sólo se vuelve artístico lo que caduca y está atrasado”. Si su imagen es la del moderno energúmeno que consume todo su tiempo libre frente al celular o la PC estará intelectualmente frito. O frita. Así ni pensar en conquistar al (o la) nerd con quien se ha encaprichado durante estos meses de vida recoleta.

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