Segundas marcas en pugna

La apología del macrismo crece al ritmo de la búsqueda de la segunda marca que luzca más convincente para extender, con otra fachada y mínimos retoques, el modelo Cambiemos.

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable

El devastador plan de gobierno de Cambiemos encontró el atajo soñado, salvador, en un consenso coral de voces dispuestas en todo momento ─sea por connivencia o por mal entendido oportunismo político─  a trabajar de manera indirecta en la construcción de la apología mediática del macrismo. En esta ocasión la labor estuvo centrada en caracterizar como fracaso de gestión la crisis autoinfligida que el oficialismo festeja a puertas cerradas pero lamenta y justifica on the record.

Los más audaces hablan de la incapacidad para administrar de un puñado de tecnócratas con ideas apolilladas; los menos ásperos insinúan que ni la sociedad ni sus empresarios ─ni siquiera los mercados─ estuvieron a la altura del vuelo de un equipo que por exceso de inefable, honesta brillantez, no se hizo entender a tiempo. Incluso algunos traders que admiran a Mauricio, Toto & Cía. están convencidos de una conjura de bisoños en las artes del mercado: hacen circular a través de sus canales de contacto el conocido aforismo de Swift que afirma que “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio puede reconocérsele por este signo: todos los necios se conjuran contra él.”.

La esencia de la apología del macrismo  la perfecciona el periodista Jorge Asís en una de esas concesiones al doñarosismo que se le escapan cada muerte de obispo: “¿Cómo un plantel con tantos buenos tipos pueden [sic]  hacer un gobierno tan desastroso?”. Faltaría agregar una breve construcción verbal para alcanzar el éxtasis en la agonía cambiemista  ─con perdón de Irving Stone─: “Sí, se puede”.

Los apologistas llenan todas las categorías: van desde la del burdo operador hasta la del opositor de lengua más afilada ante el micrófono. Así la génesis del macrismo sin macri se perfila como realidad a muy corto plazo. Las voces que no se suman al coro ─ni encuentran el corifeo idóneo para la coyuntura─ son ignoradas con pertinacia o desviadas de su rumbo con chicanas de pátina honestista ultra democrática. La apología es, si se quiere, la antesala del repechaje para las segundas marcas del cambio.

La cercanía del jubileo desata incontinencias que habían permanecido hasta ahora bastante disimuladas. Ciertas figuras reclaman la capitalización anticipada del colaboracionismo que les exigió hacer complejas cabriolas ante la opinión pública. Con tanto aspirante a segunda marca en pugna nadie puede garantizarles un futuro rutilante en el cercano espacio gatopardista. Florencia Arietto y Marco Lavagna son ejemplos inmediatos de zambullidas con la ropa opositora todavía puesta. No son los únicos, claro.

Los más confiados en el visto bueno del PRO,  la indulgencia periodística y, sobre todo, la del tercio de sufragantes que, según se afirma con lógica de encuestador, inclinan cualquier elección que se presuma libre de fraude ─presunción que podría esfumarse si reapareciera entre gallos y medianoche otro embate parlamentario con vistas a imponer el voto electrónico─ ya comenzaron la difícil tarea de  estructurar un discurso opositor que excluya referencias a las políticas que más daño han causado a la población o, sobre todo, a la corrupción estructural, que se extiende bajo la punta de iceberg del nepotismo y la frase de cabecera de la OA: “técnicamente no es delito”.

Este discurso sometido al más estricto tamiz, exasperantemente  anclado en la intrascendencia de lo superficial que tiene al redivivo Sergio Massa como artífice oral del surrealismo del FR, se disparó hacia la esperpéntica política con un Pichetto lanzado al liderazgo y un Diego Bossio ensayando frases de tono opositor aferradas al más concesivo “dialoguismo responsable”. El primero, rionegrino aporteñado, casi como una creación del mismísimo Valle Inclán, abrió su cuenta de Twitter ─aún no certificada pero de apariencia auténtica─, estampó una foto con Rogelio Frigerio y otra que lo muestra perorando en un raquítico mitin en Quilmes, al mejor estilo PRO.

El regodeo de las segundas marcas, con sus caricaturas y esperpentos, es posible en un contexto de macondeo político como el que impuso Cambiemos a fuerza de manipulaciones en la comunicación, tan constantes como la lluvia del mítico pueblo literario. El panorama, visto en perspectiva exenta de jocosidad sería, sin muchas vueltas, desolador. Con más de un año de gobierno por delante, con un recambio tan subordinado a la continuidad, el camino de desguace absoluto del macrismo atravesará campo orégano a máxima velocidad.

Las ruinas que el oficialismo ornamenta con los maquillajes que le facilita la oposición de diseño ─mayoritariamente en pugna por constituirse en segunda marca─  son el resultado de un proceso vertiginoso, planificado e inflexible. De seguir su curso al mismo ritmo, los jubilados argentinos a fin de 2018, por ejemplo, habrán perdido más en  tres años, con pocos meses de tutela  formal del FMI, que sus pares griegos en ocho de sometimiento a ese organismo.

El FGS, a la luz de las pérdidas que se registran, no tardará en pasar a engrosar las arcas de los especuladores. Por otro lado, las devaluaciones que castigan a los argentinos tienen el objetivo de fomentar la valorización financiera y facilitar, con orden y un dólar alto, la cómoda fuga de capitales, que en dos años y medio fue de 55 mil millones de dólares, cifra sin precedentes en lapso similar.

Todo esto y mucho más lo llevó a cabo “un plantel con tan buenos tipos” que motivó que, hoy por hoy, no exista mejor idea que clonarlos políticamente para imponer el mejor macrismo sin el Macri que supo reunirlos y merece, tras semejante proeza, alejarse del inmerecido escarnio de los necios. La apología y las segundas marcas en pugna parecen girar en torno a esta suerte de disparate proyectado al páramo que aguarda en 2019.

@ale_enric


 

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